Naruhiko Kawaguchi: Los colores del piano


El viernes 9 de octubre tuvo lugar en el Auditorio Eduard Toldrà del Conservatorio Municipal de Música de Barcelona el primer concierto del IV ciclo Con spirito que organiza la Asociación Muzio Clementi de Barcelona con la colaboración del conservatorio. El espíritu del ciclo es la difusión del legado musical de Clementi, su música, su influencia en otros compositores y en el lenguaje del piano. Los conciertos se realizan con el piano Collard & Collard, late Clementi, Collard & Collard de 1847, propiedad de Curro Bultó, restaurado por Jaume Barmona con el sufragio económico de la Asociación que tiene su gestión y lo ha cedido temporalmente al Conservatorio, mediante un convenio, para su uso musical y pedagógico.

Clementi ofrece una plataforma musical con una marcada personalidad. No en vano era considerado “el padre de la música moderna para piano”. Sin duda, fue uno de los mayores conocedores del piano de su época en todos los aspectos y él mismo lo fabricaba. Su música es compleja, racional, pero cargada de pasión, en especial en las obras de la última etapa, que apuntan claramente hacia un romanticismo en el que conviven los pasajes de exhibición virtuosística con los momentos de reflexión más íntima y personal.

Naruhiko Kawaguchi es un experto conocedor del fortepiano y del piano romántico. Por ese motivo, el programa que nos interpretó iba como anillo al dedo en el piano Collard & Collard, que se encuentra a caballo del piano antiguo y del moderno.

Abrió su recital con el Adagio sostenuto de Fa mayor, pieza número 14 del primer volumen del Gradus ad Parnassum, publicado en tres volúmenes entre 1817 y 1826. Este Adagio es una reelaboración para piano solo del segundo movimiento del Dueto para piano a cuatro manos Op. 14 n. 1, escrito en 1786. Es una obra reflexiva y contenida, de espíritu mozartiano, que Kawaguchi enlazó con el Capricho en sí bemol, Op. 17, de 1787. Éste último está dividido en cinco secciones sin interrupción. Las partes impares están construidas sobre las mismas ideas temáticas, con pasaje brillantes al estilo de una fantasía o improvisación y, las pares, son dos canciones muy conocidas en Londres en su momento: “Ma chère amie” y “For Tenderness formed”. Es, por tanto, una obra que estaba destinada a agradar especialmente a los aficionados conocedores de la música de moda.

Luego interpretó Trois airs característicos de bailes nationales espagnoles, Op. 17, de Santiago de Masarnau (Madrid, 1805-1882), publicadas en 1837. Estas danzas, Boleros, Tirana y Manchegas, se enmarcan dentro de la música romántica que idealiza un folclore español intimista y poético y se avanza a la obra de los célebres Albéniz o Granados. Cabe decir que Kawaguchi siente un gran interés por la música española y la interpreta con una gran sutileza y sentido rítmico.

La siguiente obra nos llevó a Viena: el Impromptu en Do menor, D. 899 n.º 1, de Franz Schubert, obra compuesta en 1827, un año antes de su muerte y justo unos meses después de la muerte de Beethoven. ¿Puede tener que ver con este hecho su carácter profundo y trágico? En cualquier caso la interpretación de Kawaguchi fue muy personal y llena de dramatismo.

El bloque final del recital estaba constituido por las piezas 94 y 95 del tercer volumen del Gradus ad Parnassum y el gran Capricho en Mi menor, Op. 41 n. 1. Estamos hablando realmente de las últimas obras pianísticas de Clementi. Stravaganza (n. 94) da un paso adelante en su estética y quizás con este título pretende justificar su singularidad. Podría pasar por un preludio de Chopin o incluso de Scriabin. El recorrido tonal de la pieza se estructura en cuatro secciones sobre un círculo de terceras mayores: Fa – La – Re bemoll (enarmónico de Do sostenido) y Fa. Una melodía de corcheas en el centro del piano, cantada por la mano izquierda, que también lleva el bajo, dialoga con una melodía arabesca, de intervalos expresivos que en cada sección va añadiendo notas para acabar con una coda desarrollada de pasajes cromáticos, ligeros y brillantes, consiguiendo una amplia tesitura, y finalizando con unos acordes. Bizarria (n. 95), en Do mayor y compás binario, está escrito íntegramente con cinquillos de semicorcheas en tempo Vivace que pasan por posiciones difíciles que requieren un toque leggero de estilo chopiniano. Kawaguchi bordó estos dos ejercicios.

La última composición interpretada, el Capricho Op. 47 n. 1 de Clementi, es una obra de gran forma, experimental y llena de dramatismo. Tiene una gran fantasía y libertad armónica y formal. Junto a algunos números del Gradus, es una de las obras de estética más avanzadas del compositor. El Adagio inicial propone un largo pedal único para obtener una sonoridad etérea, como ocurrirá en otros momentos de la obra. Estas resonancias son típicas del estilo musical inglés y están en correspondencia con sus pianos. A lo largo de toda la composición, que consta de cuatro secciones equivalentes a movimientos enlazados de una sonata, el análisis musical nos sorprende por la cantidad de recursos motívicos, armónicos y rítmicos que despliega para realizar una composición sorprendente y extremadamente apasionada. La sección final nos hace pensar en el estilo de Schubert.

La interpretación de Naruhiko Kawaguchi es sencillamente magistral. Poco hace falta decir de su técnica absolutamente natural que no busca la exhibición, sino el verdadero sentido de la música. Su declamación es como la de un actor, siempre comunicativo con el público, como si dijera “mirad esto” y subrayando detalles musicales con una gesticulación sencilla pero efectiva, sin caer en la exageración o el histrionismo que vemos en algunos conocidos intérpretes. Explica los cambios de carácter como narrador o como si hubiera muchos personajes en la acción musical.

Lo que más nos llamó la atención es su capacidad de hacerse con el piano y aprovechar sus particularidades sonoras. No es de extrañar en un intérprete acostumbrado a tocar instrumentos tan variados y distintos como son los pianos históricos. A diferencia del piano moderno, donde se busca la máxima homogeneidad en la respuesta mecánica y sonora, en los pianos históricos el intérprete debe experimentar con la variedad tímbrica y diferente tipo de acción que presentan, diferencias de peso, de profundidad y, sobre todo, de respuesta tímbrica. En este recital, Kawaguchi demostró su habilidad en ese terreno explorando una extensa paleta de colores. Desde el etéreo sonido de una garra eólica a un consistente fortissimo siempre adaptado a las posibilidades del Collard & Collard.

Esta interpretación fue aclamada por el público y Kawaguchi regaló como bis una delicada pieza de Jesús Guridi, Nostalgia, de Tres piezas breves, de 1910.

Joan Josep Gutiérrez

ESCUCHA EL RECITAL COMPLETO https://www.youtube.com/live/Vtb-FMNYZbQ?si=-UHNkMN3UsFtnIFp&t=471