El ciclo Con spirito se cerró el viernes 23 de octubre con la actuación de la pianista Pilar Guarné, con un recital bajo el título de Clasicismo poliédrico. La propuesta reunía a tres compositores que coincidieron en Viena entre 1781 y 1782.
La compositora
Marianne von Martínez (Viena, 1744-1812), de ascendencia española (abuelo) e
italiana (padre), pese a las limitaciones profesionales por razón de género,
tuvo un gran reconocimiento en su tiempo. Las composiciones que nos han llegado
incluyen oratorios, cantatas, misas, arias, motetes, sonatas y conciertos para
teclado y una sinfonía.
La Sonata en Mi
mayor para teclado es una obra que data aproximadamente de 1763, destinada
con toda probabilidad al clavicémbalo o al Tangentenflügel. Hay que
tener en cuenta que los pianos de Andreas Stein, que darían paso a la
posteriormente conocida mecánica vienesa, todavía se encontraban en fase de
experimentación. El propio Mozart no conoció a los pianos de Stein hasta 1777.
A pesar de la influencia de Haydn, el primer maestro de teclado de Marianne, la sonata,
manifiesta un estilo muy italiano. Hay momentos en que parece que escuchamos a
Scarlatti. El pupilaje de Marianne estuvo en manos del poeta Metastasio, amigo
íntimo de la familia, y en Viena, a pesar de Mozart, los italianos dominaban
bastante el mercado. Mozart, doce años más joven, formó parte del círculo
musical de Marianna y la reconoció musicalmente e incluso tocó a cuatro manos
con ella.
Wolfgang Amadeus
Mozart escribió la Fantasía en re menor, K.397 en 1732, una época en la
que ya había tocado los pianos de Stein y era propietario de un Anton Walter.
La sonoridad de esta obra es claramente pianística, libre, como es propia de
una fantasía, y de carácter narrativo. La tonalidad de re menor, en Mozart, se
asocia habitualmente a la intensidad emocional, el drama y el dolor (Réquiem,
Don Giovanni, Concierto núm. 20...). Pero esta fantasía abre la puerta al
optimismo al finalizar en re mayor. El manuscrito se perdió y la obra quedó
inacabada; los últimos compases fueron escritos por August Eberhard Müller
(1767-1817), compositor que contribuyó a la difusión del clasicismo vienés, y,
por tanto, no sabemos realmente cómo la pensó Mozart. La brevedad del final
hace suponer que hubiera sido más larga. Es una obra muy apreciada por los
pianistas y el público.
En el tercer puesto
del programa, Pilar Guarné hace una propuesta atrevida e interesante.
Agrupa a tres Danzas alemanas de Mozart y tres Monferrinas de Clementi en un
diálogo alterno y continuo, enlazado con breves transiciones escritas por ella
misma que las unen sin solución de continuidad. El resultado es una obra llena
de lógica discursiva, atractiva y alegra que levantó los sinceros aplausos del
público. Las Danzas alemanas y las Monferrinas provienen
respectivamente de los bailes populares del sur de Alemania (Baviera) y del
norte de Italia (Monferrato) y son un claro ejemplo de composiciones destinadas
al ocio, pero también la prueba de las raíces populares de la música clásica.
En el segundo tramo
del concierto, Guarné nos ofreció dos sonatas tardías de Mozart y de
Clementi, obras de considerable tamaño que reúnen las características más
significativas de cada
La Sonata en si bemol mayor, KV 570, de 1789, es la penúltima de las sonatas para piano
solo de Mozart y un ejemplo de la escritura mozartiana idiomática y depurada.
El Allegro inicial tiene forma de sonata clásica, con una escritura
limpia que alterna delicados pasajes melódicos dialogantes entre ambas, manos
con momentos homofónicos que recuerdan a una escritura operística. El segundo
movimiento es un Adagio en forma de rondó, reflexivo, con melodías
inspiradas, cambios de registro y un plan armónico general (mi bemol mayor, do
menor, la bemol mayor) que presenta un paisaje variado, pero de gran
tranquilidad. En ese movimiento, la interpretación de Pilar Guarné fue
especialmente inspirada. La sonata finaliza con un rondó Allegretto de
carácter haydiniano, con algún pasaje asombrosamente cromático.
Las Sonatas Op.
50 de Clementi cierran su catálogo oficial, aunque no son las últimas obras
escritas por él. Posiblemente ya estaban planificadas como un segundo cuaderno
de las Op. 40, de 1804, y ofertadas al editor Härtel en 1809. Las marcas de
metrónomo, posteriores a 1815, sugieren que entre esa fecha y 1821, cuando
fueron publicadas a la vez en París, Leipzig y Viena, Clementi las hubiera
seguido trabajando.
El primer
movimiento de la segunda sonata es un Allegro non troppo ma con energia
que se caracteriza por la pasión y la elegancia. El movimiento está lleno de
indicaciones de expresión, modulaciones inesperadas y pasajes brillantes de
gran pianismo. Aquí, Pilar Guarné se “desmelenó” y provocó una reacción
espontánea de aplausos por parte de un público que, habitualmente, es muy
cuidadoso en la espera de la finalización de las obras. El segundo movimiento, Adagio
con espressione, es una bellísima melodía de carácter introspectivo y sutil
acompañamiento polifónico que la pianista declamó con delicadeza e inspiración.
El último movimiento, Allegro con Fuoco, ma non troppo Presto es una
forma de sonata sorprendente por el continuo tratamiento del motivo del tema en
un abanico de modulaciones, silencios expectantes y pasajes contrastados, en un
extenso, ágil y brillante desarrollo. La gran pasión y la forma de la sonata
recuerda la extravagancia de la Appasionata de Beethoven, donde nada
parece estar en el sitio que se esperaría en una sonata clásica. Estamos frente
a una obra original, entroncada con el estilo beethoveniano y precursora del
romanticismo.
La música y la
interpretación de Pilar Guarné calentaron al público que correspondió
con elogiosos
Nota:
Pilar Guarné estudió en el Conservatorio Municipal de Barcelona cuando
este centro era de grado superior, bajo la cátedra de la pianista Carme Vilà,
de quien heredó una sólida técnica y un gran conocimiento del estilo vienés.
ESCUCHA EL RECITAL COMPLETO https://www.youtube.com/live/s9Z0DPESaiw?si=5SC3-61wpmCDQnAk&t=535



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